sábado, 18 de octubre de 2014

El turista que perdió la lengua

Por Daniel Rojas Delgado*

Con motivo del Día del Respeto a la Diversidad Cultural (ex Día de la Raza), una reflexión acerca de lo cerca o lejos que está la Argentina de dignificar con hechos a las culturas indígenas. 

Federico Braian Iván, turista de profesión, se fue a un país lejano con sus zapatillas deportivas, su iPhone y unas gafas que parecían haber sido fabricadas para él. Ni bien llegó, la policía del pensamiento le incautó el pasaporte y la sonrisa cuando le indicó que no tenía que hablar en su propia lengua
 —Solamente en el idioma oficial —el uniformado pronunció “oficial” con firmeza y elegancia al mismo tiempo.
Federico intentó discutírselo, pero no pudo hablar: ya no le salía. ¿Pero por qué no podía hablar? ¿Acaso la atmósfera de ese mundo radicalmente desconocido había atemorizado tanto a Briain como para bloquearle la lengua?
Después, a punta de flecha, el policía lo invitó a comer e Iván no pudo decirle que no —ni siquiera sabía cómo se decía que no en el idioma local—. Menos aún cuando el uniformado lo amenazó con el gesto de quitarle los ropajes culturales que llevaba en su bolso.
Ahora imaginemos que Federico Brain Iván no es turista, ni se fue a otro país, sino que solamente se asomó a una gran ciudad y le pasó todo esto.

*          *          *

—Mirá, gordo, aprendió a caminar…
—Con esta ampliación de la red de agua potable, los vecinos van a poder…
—Al menos en Twitter, el Papa se convirtió en el líder internacional más…
—Está bien. Las acompaño a McDonald´s pero me pido una ensaladita de…
—¿Cuándo viste vos un indio hablando por celular?
Acá la sucesión de progresivas imágenes cotidianas se corta y la película se detiene. La paradoja aparece de la nada: todos tendríamos derecho a mejorar, a cambiar, a transformarnos, pero los indígenas no. Porque muchas veces, para el sentido común o la opinión pública(da) eso no se puede aceptar.
What the fuck? ¿Por qué los estereotipos de indígenas (indios, aborígenes, pueblos originarios) nos remiten generalmente a los manuales escolares, es decir a los taparrabos, las plumas y las pinturas de tiempos remotos? Elementos que, ¡ojo!, hasta podrían tener cierto paralelismo con los bikinis, los sombreros y los tatuajes de hoy.
Por evidente que parezca, es necesario decirlo, escribirlo, memorizarlo: los indígenas que nacieron en la Argentina son argentinos, son ciudadanos, ¡son humanos latinoamericanos! Desde hace 20 años, la Constitución Nacional pregona “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos” o “garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural” (art. 75, inc. 17). Los casos que demuestran que ocurre todo lo contrario abundan, aunque hay excepciones. Es imposible negar que existan algunas escuelas bilingües, talleres de artesanía o medios indígenas, por mencionar algunas experiencias fortuitas, pero son insuficientes.
George Orwell, en su libro “1984” [cuna de la idea de un Gran Hermano controlador] habla de un partido hegemónico que propone como lengua oficial de Oceanía el “neohabla”. Entre otros puntos a destacar de la obra, la referencia a la memoria histórica es uno de ellos:
“…echar al olvido lo que conviene olvidar, para luego volver a recordarlo en la ocasión propicia y a renglón seguido relegarlo una vez más al olvido; y por encima de todo, aplicar idéntico procedimiento al procedimiento en sí”.
El revisionismo es importante, pero que tampoco sea puro revisionismo o pura memoria proclamativa, sino que se encarne en hechos concretos para evitar cometer errores demasiado similares. Porque una inclusión real y dignificante para los indígenas es tan urgente y tan necesaria, tanto como si Federico Braian Iván fuera cualquier de los que lee este papiro electrónico. En el siglo XXI, aprender a mirar con ojos más respetuosos y menos estereotipados es un desafío estupendo.


* Es casi licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata, título que espera obtener —él y sus compañeros de grupo— con una tesis audiovisual sobre un grupo de artesanos tobas de La Plata.

Los derechos humanos del mono

Por Juan Ignacio Salgado


“¿Cómo un individuo humano
Podría no ser persona humana?
San Juan Pablo II
(Evangelium vitae. 60)

“La diferencia entre la ficción y la realidad,
Es que la ficción debe ser creíble.”
Mark Twain


La vuelta de la evolución parece estar completando su recorrido. Del mono venimos y hacia el mono vamos. Estamos viviendo lo que la ciencia ficción una vez presintió, que antes parecía totalmente inverosímil y hoy es una realidad, o por lo menos, un principio de realidad, en teoría.
            Somos testigos del comienzo del planeta de los simios. Si alguno no sabe lo que es, le cuento rápido. “El planeta de los simios” es una excelente película realizada en varia versiones a través de los años  dónde se narra la historia de cómo el devenir del hombre retorna a su origen y los primates (eso sí, no cualquier primate, primates civilizados que parlan, actúan y sienten como humanos, pero que siguen siendo monos) son la cúspide de la evolución y han dejado al hombre atrás en la carrera.
            Este renacer del  mono que se describe en las historias de ciencia ficción ha comenzado hoy sin que nos demos cuenta siquiera, o por lo menos, sin que nos demos cuenta las gentes comunes, los cristianos de  a pie.
Por fortuna siempre existen personas más atentas que se percatan de estas cosas y tratan de avivarnos a nosotros los desprevenidos, que todavía creemos que entre el hombre y los animales existen claras diferencias.
El cuento es muy sencillo. Resulta que en Entre Ríos hay un zoológico que mantenía privado de su libertad y contra su voluntad a un mono desde hace más de 35 años. Entonces un grupo de estos muchachos de los que les hablaba más arriba pensaron que esto era injusto, y hasta ahí todo va bien. Las condiciones en las que se mantenía al primate no eran buenas y por la tanto exigieron su libertad, lo cual resulta razonable. Pero después la cosa se volvió un tanto más compleja. Un abogado perteneciente a una ONG que defiende los derechos de los animales presento un Habeas Corpus ante la justicia para que la puesta en libertad de este animal se haga efectiva, pero no solo argumentando las malas condiciones en las que se mantenía al pobre animal sino que exigían que se reconozca que este mono, cuyo nombre es “Toto”, en realidad es una “persona no humana”, a la que se le debe garantizar la protección de, al menos, tres de sus “derechos básicos fundamentales” como lo son, la Vida, la Libertad y el Derecho a no ser torturados ni maltratados física ni psicológicamente. Y la justicia le dio la razón.
Hoy Toto es una “persona” que por fin ha “conquistado” sus derechos. Esperemos que todavía falte para que conquiste finalmente, en compañía de otros monos “personalizados” nuestro planeta, como vaticina la zaga de “El planeta de los simios”. Personalmente creo que debe faltar todavía para esto porque, sin ánimos de ofender a Toto y su condición de persona, los monos de la peli hablaban, caminaba, usaban ropa y hacina otras tantas cosas como nosotros los humanos de a pie, Toto hasta ahora lo único que ha mostrado es que sabe hacerse de buenos amigos.
El caso de Toto no es único, ya hubo antecedentes de este tipo en otros países como  España y USA, y en estos casos tampoco es que los primates dieron muchas señales de pegar un salto evolutivo, pero ellos también han “conquistado” su derecho de ser reconocidos como “personas No humanas”.
Y esto que se presenta según estas ONG y algunos sectores de la prensa como una muy buena noticia que marca el progreso que estamos teniendo como sociedad, es en realidad un asunto muy delicado y peligroso.  Porque el problema no está en que nos quedemos sin monos en los zoológicos, lo que no me parece que sea algo malo, sino que el problema está en que estamos diciendo que hay personas que no son humanas y por lo tanto, hay humanos que no son personas, y esto es grave, porque representa el fin de los derechos humanos.
Si todos los seres humanos no somos personas, entonces, no todos tenemos los mimos derechos. Así hay seres humanos a los que se debe respetar y garantizar el derecho a la vida y hay otros seres humano a los que no, por ejemplo, a los niños por nacer o a algunos enfermos terminales, porque no tienen la suerte de Toto y sus amigos de ser incluidos en la categoría de personas.
Este es el peligro del relativismo, peligro evidente y manifiesto, porque o todos los seres humanos somos dignos de ser y cada vida tiene un valor inviolable e inherente a su condición de pertenecer a la raza humana o, su valor es relativo y depende de la circunstancias, del consenso, de sus capacidades, o de lo que fuera.
Y así hoy la justicia dice que Toto es una persona y tiene derechos fundamentales, y en cambio, meses atrás, Esperanza, una bebita de 6 meses de gestación abortada en nuestro país por la implementación del Protocolo de Abortos No Punibles, a pesar de que su condición de ser humano era innegable, no era una persona todavía y por lo tanto no tuvo ningún derecho. Y así como le ocurrió a Esperanza, le ocurrió a los negros en tiempos de esclavitud, le ocurrió a los judíos durante el régimen nazi, eran seres humanos pero no personas y por lo tanto sin derechos fundamentales. Y así, le puede ocurrir a cualquiera.
Yo no sé si en el futuro Toto y sus amigos podrán conquistar la Tierra, pero si llega a ser así, ojala aprendan de nuestros errores y no los repitan, y construyan una sociedad donde todos los monos sean personas y tengan los mismos derechos y la misma dignidad.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Editorial - LIBERTAD: LIBRES… ¿PARA QUÉ?

Llama la atención el uso mediático que, en las últimas semanas, se le ha dado a la famosa frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.
  Sin hablar de que, al repetirla, los medios ni siquiera mencionan al autor –a tal punto que el público puede creer que la inventó una actriz o un político-, la escueta y mala traducción confunde más de lo que aclara.
  ¿Cuál fue, realmente, la idea original de San Agustín? Algunos teólogos, en la línea del Concilio Vaticano II, la expresan hoy como: “Ten amor verdadero y haz lo que quiera el amor”. Y sostienen que cuando San Pablo, en la Carta a los Gálatas, dice: “Cristo nos liberó para que vivamos en libertad” (Gálatas 5, 1), el Apóstol hace presente que la naturaleza y el objetivo de la libertad se manifiestan en el amor al prójimo, y éste consiste nada más y nada menos que en amar como Cristo ama.
  No se trata, entonces, de “primero amo, y luego… hago lo que me da la gana con el objeto de ese amor”, porque la persona amada no es un objeto, y porque el amor auténtico es respetuoso, agradecido y fiel.
  Sólo en ese amor genuino construiremos una atmósfera, un medio ambiente en el que la paz y la confianza nos permitan una experiencia  más enriquecedora de nuestra libertad.


La Redacción

Con-sumo respeto

Por X

La libertad es un bien al cual no se puede comprar, todos nos sentimos libres puesto que nos podemos mover de un lado al otro sin restricción alguna, podemos sentir, trabajar y vivir como queramos, nuestra vida, en definitiva es libre.

Ahora bien, desde nuestra televisión se puede observar una realidad distinta que nos hace comprender que somos víctimas de la inseguridad, somos esclavos de los ladrones y también podemos ver, en el mismo canal pero en la propaganda, miles de anuncios que nos invitan a poseer cosas de innumerable valor que nos dan el mote de consumidor.
Ya no soy yo, ni sos vos, ni existe el trabajador, existe el consumidor y con él estos derechos que nos permiten ejercer cuanta acción exista en contra de las cadenas comerciales que, de manera sistemática nos embaucan y nos venden gato por liebre.
El consumidor es la síntesis del siglo 21,  debemos serlo porque si no, no somos ciudadanos de a pie que compran todo lo que nos venden.
Ahora bien ¿Alguien puede no ser consumidor? ¿Aquél que compra un auto, un televisor LED, una Heladera No Frost, un Lavarropas o una excelente camisa es tan consumidor como el que no alcanza a dichos bienes? ¿Los bienes a los que todos tenemos acceso son potables para todos nuestros hermanos?
Todas estas preguntas tienen una respuesta, Sí. Todos tenemos acceso al mercado puesto que todos partimos de la premisa de igualdad, premisa que fue morigerada en el derecho a través de distintas herramientas pero que no hacen más que partir de aquella idea de igualdad.
La libertad que todos pretendemos, me obliga a introducir el siguiente ejemplo: En un centro comercial de la Ciudad de Buenos Aires concurren un empleado público, un empresario y un albañil, a comprar la misma heladera. El empelado público la puede comprar en cuotas con la tarjeta de crédito, el empresario puede hacer la misma compra pero con otra tarjeta y con un descuento especial y con un límite de compra más abultado, el albañil-trabajo no registrado-accede al bien con un crédito personal con una tasa de interés alta y con un precio final que supera abultadamente al marcado. ¿Todos son libres de acceder al bien? Sí ¿Todos tienen las mismas ventajas? Sí ¿Todos terminan gastando lo mismo? No.
En el mismo centro de compras, deciden ver ropa de vestir visto que los tres irán al mismo casamiento. El empleado público antes de entrar observa la vidriera y decide ingresar, el albañil hace lo mismo, el empresario con sólo ver la marca ingresa. Los precios son los mismos y las camisas las mismas ¿Los tres podrían comprar? Si ¿Los tres compraron? NO.
Como vemos, las posibilidades de ingresar al mercado son las mismas, pero los resultados son opuestos, de ahí que esta pantalla del consumidor es, en definitiva, una mentira.
Las diferencias sociales y el incentivo al consumo dejan de lado a millones de personas por día, nos horrorizamos al ver en el televisor las noticias de robos y hurtos, pero no nos preguntamos sobre la verdad detrás de la realidad proyectada.
Las cadenas comerciales y las marcas, generan una tendencia que nosotros mismos no podemos evitar de sentir, las diferencias de ingresos y las diferentes formas de acceder a los bienes publicitados crean una división entre todos nosotros ¿Nos sigue asombrando la inseguridad? ¿Nos sigue preocupando los robos o lo que más nos preocupa es quedarnos fuera del comercio?
Creo que ambas, y todo tiene un sentido. Veamos: dijimos que el mismo canal de televisión que nos informa sobre los robos es el mismo que nos publicista la heladera y la tarjeta de crédito, entonces, ese canal de TV nos bombardea desde la tierra y desde el aire con miedos y no nos deja otra chance que salir urgente a comprar la TV nueva, la Heladera y el Celular pero también, nos obliga a salir a la calle con miedo a que nos roben o a que nos pase algo malo.
Imaginemos que a la misma hora ven la televisión unos pibes que limpian vidrios en las calles, el empresario, el albañil y empleado público, imaginen ahora ¿Quién se siente más seguro?
Nuestra libertad se siente acorralada por un sistema de financiamiento al que muchos no pueden o no podemos acceder y por un sistema que parte desde una igualdad dibujada.

Por ello, no podemos pensar que estamos libres de hacer y de acceder a lo que queramos ,porque todos no tenemos las mismas oportunidades. Por eso, no nos dejemos embaucar y no creamos que todos somos consumidores, a gatas somos unos necesitados.

¿Qué corno es formar sujetos libres?


Juan Pablo Olivetto Fagni 

Antes de empezar, tengo que contarles que me cuesta un montón escribir resumidamente (para que esto sea leído por más personas en Internet) sobre este tema de la libertad, que tanto he pensado y reflexionado. Decidí recortarlo lo más posible, pero si alguien quiere, nos juntamos a tomar algo y a charlar de la vida y de este tema.


¿Para qué educar? Pregunta muchas veces olvidada, y tan esencial a la vez. “Formar sujetos libres” es una de las respuestas más recurrentes a la hora de responderla. Suponiendo que ser libre es un acto o estado individual, en el cual uno es responsable y hacedor de todas las decisiones en su vida.

Mi posición ante eso es contundentemente contraria. En primer lugar la idea de “formar sujetos” conlleva a una unidireccionalidad, es decir que uno/s harían libres a otros. Por el contrario sostengo que los procesos de liberación son siempre comunitarios, por más que algunas personas sean más o menos influyentes en esos procesos, pero todas aportan algo. Además ¿de qué hay que liberarse? De la opresión, de la esclavitud. Y esos siempre son vínculos, relaciones, por lo tanto nunca son hechos individuales.

Otra cuestión que me lleva a estar en contra del slogan “formar sujetos libres” es que al poner el acento en los individuos y su libertad, se les está encajando la responsabilidad de todos sus actos. ¿No será mucho? ¿Y si nos repartimos las decisiones entre todos? O por lo menos entre varios charlémoslo, organicémosnos y veamos que hacer con las decisiones importantes que tomemos.

Como he hecho muchas veces, al tener más preguntas que posibles respuestas, les planteo interrogantes que me parece que todos deberíamos hacernos:

- ¿Qué decisiones son verdaderamente importantes? Porque muchos sobreestiman poder decidir comprar un producto de determinada marca u otra, o poder elegir entre consumir tal o cual cosa. Una respuesta alternativa, abierta a ser repensada, es que lo importante es decidir sobre tres cuestiones: en qué voy a trabajar y en dónde, en qué sociedad quiero vivir, y quién quiero ser (o en términos galeanescos: qué quiero hacer con lo que hicieron de mi). Y volviendo a lo del principio, por lo menos dos de estas tres cuestiones no se pueden pensar en términos individualistas, y si lo hacemos no nos sorprendamos que no estemos en paz como sociedad.

- ¿Cuándo alguien debe decidir? Niños, jóvenes, adultos y ancianos, pobres y ricos, ¿Sólo algunos pueden decidir? ¿Cómo se aprende a decidir? Todo el tiempo estamos eligiendo, pero ¿estamos seguros que tomamos buenas elecciones? ¿cómo saberlo?

- ¿Decido yo u otros deciden por mi? 

Para finalizar invito especialmente a los católicos a imitar el modelo de la Virgen María, que siendo la esclava del Señor, fue la mujer más libre de toda la historia, porque no era esclava de nada, ni de nadie más.

HUMOR POR CRIS

Por Cristian Camargo



COMO MAFALDA CUANDO LEYÓ “DEMOCRACIA”

Por Nora Pflüger   

  Acabo de encontrar una definición de “libertad” que daría para un tratado: “Capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad”.
  Recuerdo una tira de “Mafalda”, en la que la niña lee en un dicccionario el significado de la palabra “democracia”, la compara en su cabecita con la sociedad y el mundo que conoce, y comienza a reírse solita,  sigue riendo todo el día, y a la noche, en su cama, continúa riéndose, para asombro y consternación de sus padres.
  La definición de “libertad” me ha producido casi el mismo efecto…
  ¡Capacidad de la conciencia! ¿Adónde ha ido a parar en estos últimos años la expresión “criterio formado”, con la que nos ponían límites en la infancia? (“No intervengas, que todavía no tenés el criterio formado”)… ¿Y quién recuerda que a las muelas que nos salen a todos los seres humanos a los dieciocho años se les sigue llamando “del juicio”?
   Sin embargo, las leyes civiles exigen un mínimo de capacidad de conciencia para firmar cualquier contrato, y la Iglesia Católica la requiere para que sea válido en consentimiento matrimonial.
  ¿Pretensiones muy obvias?
   Hace unos años, en unas conferencias sobre Derecho Matrimonial Canónico, dictadas en el aula magna de una conocida Universidad privada platense, el conferenciante, un curita italiano recién llegado de Roma, dijo con picardía: “ Advierto a las señoras presentes que si la novia engaña al novio haciéndose pasar por chica buena cuando no lo es, o si se quiere casar sólo para aparentar, o para quedar bien con el tío cura o la tía monja, sin conciencia de lo que significa el sacramento, y así lleva al novio al altar, es nulo ese matrimonio…”
  Al oír esto, una de las señoras presentes, una abogada joven, elegantemente vestida, saltó del asiento y salió corriendo al pasillo, llorando y gritando como una histérica: “¡¡¡Mi matrimonio es nulo!!!”
  ¿Con qué grado de conciencia decidimos las cosas fundamentales de nuestra vida?
  ¡Pensar y obrar según la propia voluntad! Creo que no se trata del capricho, sino de la llamada “voluntad libre”, la que se apoya en la razón y nos distingue (eso espero) de los otros seres de la Naturaleza.
 Sin conciencia formada, sin voluntad educada, no tomaremos nunca  decisiones realmente libres, y seremos siempre esclavos de la moda, o del “qué dirán”, o del miedo a las consecuencias de luchar por una causa justa, o de la hipocresía más vulgar.
  Y vuelvo a pensar en Mafalda, niña de conciencia muy desarrollada, pero que crecía en una familia absolutamente normal, con su papá, su mamá y su hermanito, y que podía aprender allí el ejercicio de una libertad razonable.
  Qué lástima que el medio social de hoy no nos ofrezca otros ejemplos como ella. Y que, en cambio, el arquetipo elegido sea un personaje como “la mamá de Pedrito”, una mujer inconcebible que en los últimos tiempos hemos visto cincuenta veces por día en la televisión. Se trata de un aviso publicitario en el que una señora, al enterarse de que otra ha leído a unos niños un cuento de terror debajo de la cama y los ha hecho jugar a la pelota en el baño, en lugar de pedir explicaciones (dado que entre los niños estaba de visita su propio hijo Pedrito) o de exclamar “¡Qué asco!”, se da tironcitos en una oreja (¿”tic” del mentiroso?) y susurra melosamente: “¡Qué divina!”

  ¿Quién quiero ser? ¿Mafalda o la mamá de Pedrito?

sábado, 16 de agosto de 2014

Editorial - NIÑEZ: RECUPERAR EL SIGNIFICADO DE SER NIÑO

Sinceridad, diafanidad, confianza… atributos del niño, que podemos leer en la pureza de su mirada, y que nos despiertan el anhelo por un mundo más limpio, más recto, más íntegro que éste.
  Jesús habló claramente de hacernos como niños para entrar en el Reino (Mateo 18, 3). Y un educador del siglo XX recomendaba a las personas rígidas, reprimidas en sus emociones o con dificultades para expresarlas, “tratar mucho con  niños” o con personas que se parecieran a ellos.
  El niño es también un signo de esperanza en que la humanidad siga habitando en esta Tierra. Incluso para los padres de un hijo ya crecido, ese joven o adulto que alguna vez fue niño en sus brazos representa para ellos una señal que apunta hacia el futuro. Quienes conocen las profundidades humanas, afirman que no hay dolor más grande que la muerte de un hijo, tal vez porque al sufrimiento de la pérdida se suma la sensación de que la vida se trunca justamente allí donde tendría que continuar.
  En este agosto en el que, en medio de una nube de ofertas comerciales y venta de pochoclo, hemos festejado, bien que mal, el “Día del Niño”, nos convendría reflexionar sobre el verdadero sentido de la infancia y recordar además que el hombre, entre todos los seres de la Creación, es el que permanece de algún modo siempre niño, porque todos los días tiene algo nuevo que aprender.


  La Redacción 

El delito de Nacer

Por Juan Ignacio Salgado
“Tú quieres que no sea,
que deshaga
esta mezcla de soles y de estrellas”
Matilde Alba Swann

Que el mundo fue y será una porquería no es novedad para nadie. El jardín del Edén es para muchos solo una leyenda, para otros una promesa. Pero este valle de lágrimas que nos ha tocado en suerte es una realidad para todos, aunque es cierto que el reparto de lágrimas no es equitativo. Pero quien más quien menos, a todos nos toca sufrir de vez en cuando. Eso siempre ha sido así.
Sin embargo, a pesar de todos los males y pesares, la vida, en la opinión general, era considerada buena.
Cada niño que nace es una buena noticia solía  decir Facundo Cabral. En cada niño que nace vuelve  a nacer la humanidad, se renueva. Porque cada niño es una promesa, es una esperanza, es una oportunidad de ser mejores.
Pero, parece ser, que eso era antes.  La novedad que nos trae nuestra sociedad en la cúspide de la pirámide evolutiva es que todo eso de la esperanza en la vida nueva no va más,  paso de moda, está out.
No sé cual será la causa de todo esto, pero las  modas son modas.
Hoy cada niño que nace no es una buena noticia, cada niño por nacer no trae esperanza, todo lo contrario, es una  amenaza. Amenaza de qué, todavía no me lo han dicho. Pero lo que es seguro es que hay que eliminarlo. Y esto es tarea urgente, y al parecer, tarea del Estado.
 Según parece es deber de todo médico y derecho de toda madre poder terminar con la vida de su hijo antes de que nazca. Pero esto no es tan feo como suena, porque no es que siempre sea un derecho, sino solamente cuando la madreo la autoridad competente expone razones perfectamente fundamentadas del porqué ese niño no debe nacer.
Hasta ahora las razones perfectamente fundadas que en nuestro país se están discutiendo no son muchas. Una de ellas, que parece ser la que mayor aceptación tiene, es que el padre de la criatura sea un violador. En ese caso por el bien de la madre, victima de una violación, ese niño no debe nacer.
Y para evitar que esto suceda, el gobierno de la Pcia de Bs As tiene una idea. Una Equipo móvil para abortos, que acudiría a cualquier hospital donde alguien necesite terminar con un embarazo, pero donde los médicos se nieguen a realizar tal práctica por razones de conciencia personal. Para garantizar que ese niño no nazca el Estado no escatima gastos ni esfuerzos.
Afortunadamente esta idea no han podido llevarla a la práctica, pero el solo hecho de que se les haya ocurrido como posible solución ya es un gran problema.
  Chesterton decía, hace más de un siglo:

 “En una reunión de café oímos decir fácilmente: «Esta vida no vale la pena de vivirse». Lo oímos como oímos decir que hace un hermoso día: nadie considera que ello pueda ejercer ningún efecto de importancia sobre el hombre o sobre el mundo. Pero si esa expresión llegara realmente a aceptarse, el mundo andaría de cabeza. Se premiaría con medallas a los criminales por librar de la vida a los humanos; se perseguiría a los hombres porque libran a las personas de la muerte; se emplearía el veneno en lugar de la medicina; llamaríamos a los médicos cuando estuviéramos sanos; las sociedades de salvamento de náufragos serían consideradas como hordas de asesinos.”
Yo no se si al escribir este párrafo pensó que quizá algún día se convertiría en realidad, pero definitivamente fueron proféticas sus palabras.
El pesimismo a ganado la batalla. Somos una sociedad derrotada, donde lo que no se quiere se mata.  
Me pregunto nomás, si esta sentencia es definitiva, o si acaso todavía estamos a tiempo de cambiar.
Otra vez vienen a mi mente las palabras de Facundo Cabral, “en una eternidad se puede empezar de nuevo a cada instante”. El problema sería por dónde empezar. Y la mejor respuesta que se me ocurre es: empecemos por el principio. Por el principio de todo, el principio de toda vida. Que cada niño por nacer sea una buena noticia otra vez y para siempre. Porque la Beata Madre Teresa tenía razón, los  niños son como las estrellas, nunca son demasiados.


HUMOR POR CRIS

Por Cristian Daniel Camargo



Via Crucis del niño guacho

Por X

Les invito a reflexionar sobre la Cruz, la muerte y la resurrección de Cristo a través de nuestros hermanos más pequeños.


La idea es recorrer en 9 estaciones, el camino a la cruz del niño guacho.

1ra Estación. El niño es condenado a muerte.
Guacho no se hace, se nace. El niño habita en el seno de su madre, sus abuelos, ante el alejamiento de su “San José”, deciden invitar a su madre a que aborte. La Familia, es de bajos recursos y saben muy bien que no los van a poder mantener, sumado a ello el abuelo acaba de fallecer y la abuela cree que no va a poder criar a su hija de 16 años y a su nieto por nacer.
Su mamá, su María, se escapa de su casa y se alberga en lo de su prima, en una localidad del conurbano, allí trabaja y la acompaña, ella  también estaba embarazada.
El trabajo no abunda, solo son esporádicos e informales. La plata sigue sin alcanzar y los patrones, ante las faltas debido a su embarazo, deciden no “llamarla más”.
Desempleada María, cae en la pobreza total, por eso y por algún nefasto personaje de la noche, cae en el paco y en la prostitución.
En medio de todo este embrollo, el niño guacho es parido y devuelta condenado a muerte.
La muerte que se proyecta en muchos espacios de la sociedad, es el origen de todos nuestros guachos de hoy,  el semáforo, la droga, la esquina y el barrio son los condicionantes nefastos de su vida, no podemos permitir que se siga condenando, debemos tener políticas inclusivas especialmente con los sectores más vulnerables de la sociedad, la condena a muerte es producto de su condición de clase. Aquí, debemos detenernos y re- pensar las palabras del Papa en la misa de los Argentinos…”Mateo 25”.

2da Estación. El niño guacho carga con su Cruz.
Guacho pero no estúpido, en la calle aprendió muchas cosas; malabares, manchar vidrios, hacerse el sordomudo, punguerias y pequeños hurtos.
Él no sabe de su vida, la desconoce, simplemente la vive. Se hace el fuerte con sus compañeros pero se le llenan los ojos de lágrimas al pasar por la juguetería, añora la alegría de los niños bien, se siente desbastado, cansado y desganado. La tristeza lo invade, le arranca el corazón y le destruye su vida.
En la esquina del centro llora para no manchar con lagrimas el barrio, sólo sin nadie. Le cae la ficha de su vida, se da cuenta que existen diferencias y que por más que su “rancho” le haga de referencia  él no da más y su vida de guacho ya le cuesta horrores.
La Cruz de mi amigo, es la cruda realidad de la soledad. La carga solo y con una sola verdad, la muerte.
Reflexionemos cada día más sobre esta cruz y sobre su calvario. Esta cruz, les aseguro que es tan pesada como la de cristo.

3ra Estación. El niño guacho cae por primera vez.
Cargando la cruz es difícil mantenerse en pie. Cada día que pasa el hambre es más fuerte y la tristeza se va a cumulando en el corazón.
Es invierno y nuestro niño guacho ya está cansado. Camina al rancho con unos billetes listos para cambiar la realidad, va hacia la esquina de Matheu y 9 de Julio, aún se encuentra en el centro de la ciudad, espera, mira, su cara se hace rara…saluda a unos vagos y pregunta ¿Tenes?...la respuesta es obvia, el niño guacho cae por primera vez, cerca de la cara de muchos de nosotros, cerca de las artes y cerca de la seguridad, cae y todos los vimos.
Esta primera caída, es un saque que lo aleja de la realidad. ¿Qué le abra pasado cuando pasó el trance? ¿Qué ideas tuvo? Seguramente, se le ocurrió rendirse, pero, la vida da oportunidades piensa y afirma  “seguro con la ayuda de los pibes voy a salir adelante”.
La droga que se vende cerca de las arterias principales y de las alejadas, cerca de comisarias y legislaturas, ahí, vemos como caen y siguen cayendo nuestros guachos. Justo a los ojos de los grandes señores de la sociedad

4ta estación. Encuentro con su madre.
El niño guacho vuelve al rancho, allí es recibido por una mujer ensangrentada, es la misma que le dio la vida pero la misma que lo deja tirado, la que se va siempre con un tipo distinto. Ella esta ensangrentada, fue golpeada y abuzada por su pareja. El niño guacho corre a su encuentro, le seca las lagrimas con su ropa, trata de quitarle la sangre de la cara y le pregunta ¿Fue él? ¿Qué te hizo? Nada, responde la chica y termina diciendo…somos nosotros dos solamente.
El guacho comprende otra realidad, la de la familia. Familia destrozada pero familia al fin. En el barrio camina una mujer hace mucho tiempo, Alma, ella se preocupa por los pibes, al verlos de esa manera se les acerca y les ofrece ayuda.
Pasó el tiempo y la familia sigue igual, chirolas que se consiguen chirolas que van a la panza, pero la “Maria”, decide irse un día, el guacho vuelve a estar solo. Corre hacia lo de Alma y llorando le dice “se fue”. Se cruzan en un abrazo increíble, Alma empieza a ver al guacho de otra manera, ahora es otro de sus hijos, uno de los tantos que necesitan de su ayuda.
Pensemos en las familias, detengámonos a ver el trabajo de las madres del corazón, cuantas “Almas” hay por el mundo que ponen el pecho y su trabajo a la vida de los niños, cuantos guachos y cuantas mujeres son víctimas de violencia. ¿Qué debemos hacer? ¿Asimilamos la vida de estas mujeres? ¿Comprendemos o juzgamos? ¿Vemos en Alma un corazón lleno de amor?

5ta estación, El curita que colabora en la vida del niño guacho.
Hace unos meses atrás, al barrio se mudó un cura nuevo. La gente de a poco lo empieza a querer, es un tipo de barrio, de familia humilde. Sabe lo que es la pobreza y lo que es criarse sin padre.
El sacerdote, siguiendo los pasos de un santo, plantea algo nuevo para el barrio “un oratorio”. A este lugar concurrió nuestro guacho con la promesa de algo para comer.
El cura forjó un lindo grupo de pibes, pero con el “guacho” mantuvo un dialogo más fuerte. Sin duda, se ve obligado a cambiarle la vida.
Con un gesto cercano, se le acerca y le dice…”desde hoy, vos y yo vamos a ser amigos, yo no quiero que me digas padre ni cura, desde hoy vos y yo somos hermanos”…estas palabras fueron clave para el niño guacho que vio en el curita a un hermano y la “Alma” a una verdadera mamá.
Los curas de las periferias son los que comprenden la realidad de los pibes, curas que conocen la vida de los más humildes y viven invadidos por una pobreza incalculable. Los obispos y muchos laicos, no podemos ver más allá de la liturgia, no nos detenemos nunca a pensar en la vida de los más humildes.
La iglesia debe ser el reflejo de cristo que vive en el corazón de los trabajadores, Iglesia que redime y que busca la salvación como un pueblo que hace de cristo su elección de vida.

6ta Estación. El niño guacho cae por segunda vez en los brazos de alma.
De vuelta a las andadas, el niño guacho vuelve a consumir. Esta vez, es fuerte, le pega mal y se va de caño
Camina en dirección al centro, entra a un comercio y con un arma apunta a la frente del comerciante y se lleva un pequeño botín.
La policía esta alertada del niño guacho, pero esta vez se les escapó.
Llegando al barrio, se tropieza y cae. Al levantarse ve a su hermano, al curita, no lo puede ver a la cara “que te pasa” pregunta el sacerdote, el niño no contesta y atina a correr a lo de alma.
Llorando, le dice a la mujer lo que pasó, triste alma lo abraza, lloran ambos. El niño guacho, comprende lo que hizo, se da cuenta de la droga y sus peligros. Pero lo que más le duele es que piensa en que el cura no lo va a perdonar.
Llega el sábado y es día de oratorio, el niño guacho decide no ir. El cura junto a uno de sus colaboradores van a su encuentro, el pibe no quiere salir, tiene miedo. El joven que esta con el cura le afirma “no seas boludo, pase lo que pase vamos a estar con vos”, el sacerdote también dice “Hermano, no hay nada tan grande como la misericordia de Dios, comprendo tu realidad porque la sufro con vos, porque vos y yo somos lo mismo, vos y yo somos Dios”.
El guacho, acepta, sale y se acerca al padre pensando las palabras que se le habían ocurrido, no las llega a decir, el cura lo abraza y lo invita devuelta a la fiesta del oratorio.
No podemos juzgar más, la realidad de los chicos nos interpela a seguir creciendo en el amor. La vida estos niños necesita de nuestra ayuda.

7ma estación. El guacho cae por tercera vez, es despojado y cae víctima del gatillo fácil.
Sigue pasando el tiempo y siguen los problemas, nada se soluciona en la vida del niño guacho. La droga ya es vicio, el robo y las malas compañías también.
Alma y el cura se sienten desbordados, ya no saben que hacer con él. Además, descubren una trama secreta en la vida de nuestro niño guacho, roba para la policía.
De esta manera, el niño guacho se acerca a su final. A fines del invierno, junto a unos amigos deciden dar un golpe a una concesionaria de autos, es un plan certero. Se preparan y van camino a su misión, ingresan, apuntan y salen corriendo, el niño guacho es visto por un policía que lo identifica.
El robo sale en la tele, la opinión pública carga las tintas contra los niños, la policía y el gobernador necesitan de un trofeo, van al barrio, entran a la casa del niño guacho y mientras estaba durmiendo, le tiran tres duros tiros que terminan con la vida de nuestro amigo.
El juicio con el que fue condenado a muerte es el que hizo un especialista en televisión, la certeza del robo y de la culpabilidad es la de los policías que le han disparado. Nuestro amigo murió, cayó por la droga y el desamparo, se fue por desidia de un estado muchas veces ausente.
¿Qué papel juegan los medios de comunicación en nuestras vidas? ¿Cómo condicionan la opinión pública con sus títulos extraordinarios? Es momento que la palabra sea del pueblo, es tiempo de que gritemos y que nos hagamos escuchar. Los políticos piensan en frases lindas pero los pibes en el pan de cada día. ¿Qué vamos a hacer?

8va Estación. El niño guacho en los brazos de alma y del cura.
Conocida la noticia, el Cura y Alma corren a la casa de nuestro hermano, lo ven muerto. El llanto es imposible de sostener. El cura intenta dar un responso pero se da cuenta que no puede, pide al cielo una colaboración, niega a Dios, no puede entender que se le hayan llevado a su hermano.
Alma, ve con duda el cuerpo lo acaricia y lo llama por su nombre, el pibe ya descansa en paz.

9na Estación. La resurrección.
El niño guacho murió, pero resucitó en nuestras vidas.
La vida de estos niños es nuestra prioridad, ellos son los pibes, los chorros, los vagos, los guachos, los negros, ellos son todo esto pero también son Juan, Ariel, Ezequiel, Eduardo, Dario, Miguel, Jonathan, Gabriel, Manzana, son las caras, si las caras de los semáforos, son la pobreza y son las mafias del sistema político, son todo lo que no queremos ser pero son y deben ser nuestro motor de vida.
Como cristiano, aspiro a la resurrección del pueblo, entiendo que el reino es en la tierra y lo conformamos todos. Una vez dije que éramos antorchas de luz y camino de salvación, hoy lo sostengo, ya no más cristianos de sacristías, hoy más que nunca jóvenes comprometidos por la realidad, sabiendo que nuestro niño guacho a resucitado en el corazón de todos los niños, niñas y adolescentes que necesitan de nuestra ayuda.